Una escobetilla es un objeto cotidiano.

Está hecho de muy poco: fibras naturales y algunos alambres que las mantienen unidas.
Su función es sencilla y concreta: lavar trastes.

Me interesa precisamente por eso.

En ella encontré una forma que no fue pensada para ser decorativa, pero que tiene una belleza propia. Una estructura firme construida a partir de la delicadeza de muchas fibras: una forma que puede cambiar dependiendo de cómo se sostiene, cómo se curvea y desde dónde se mira.

Comencé dibujándolas a mano. Hice 47 variaciones en acuarela y lápiz, cambiando la posición de los alambres y explorando distintas maneras de construir su forma. Después llevé una de ella a trazo digital y comencé a experimentar con sus curvaturas, como si mantuviera las fibras apoyadas sobre una superficie y desplazara lentamente la parte superior sin levantar sus extremos.

De ese ejercicio surgieron tres formas.

Las tres conservan la estructura esencial de la escobetilla, pero se alejan de
su función original para convertirse en formas que pueden recorrerse con la mirada. Líneas, curvas y tensiones que hablan de la solidez y movimiento, pero también de la delicadeza de cada fibra que sostiene el conjunto.

Información técnica
Piezas impresas en gran formato sobre papel japonés de 80x110cm por Temple Studio en Ámsterdam.
La fibra visible del papel forma parte de la pieza: aporta textura, profundidad y una materialidad que acompaña la naturaleza de la imagen.

Enmarcado en DQ Marcos.
Madera de banak, perfil de 2cm, profundidad de 4cm. Cubierta
de resistencia para la conservación de la pieza.

¿Por qué Yakult?

La forma de las escobetillas
me recordó al envase de esta marca. Fue una asociación espontánea al mirar su silueta y terminó acompañando el juego de formas que dio origen a la colección.

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